Una mañana desperté ansioso porque sabía que era el gran día en que visitaría el museo de Botero. Me arregle y lustre mis zapatos hasta que pudiera ver mi rostro en ellos. Ansioso porque se acercaba la hora llame a mi padre al trabajo para que viniera a recogerme a la casa.
Pasando por la avenida ya viendo el gran museo mis ojos se iluminaron tanto como el sol en su amanecer, mi padre se quedo en la sala de lectura y yo me entretuve
viendo los magníficos cuadros; mas adelante había una puerta en la que ingrese y vi el cuadro, un cuadro llamado “pedrito a caballo” se me hizo muy extraño que ese cuadro tuviera aquella perilla, me acerque sigilosamente y lo abrí al entrar vi un pasillo estrecho donde algo muy dentro de mi me decía que avanzara.
Mi corazón latía como burro sin mecate, cuando me sentí caer por un abismo profundo donde el más magnifico temerario tendría mucho miedo; cuando de repente sentí que llegue a un árbol gigante y esplendoroso. Me baje de el árbol y vi que todas las esculturas habían tomado vida; yo me volví gordo como ellos.
En ese momento me sentí muy impresionado y feliz, cuando iba caminando todo mundo era muy cordial y servicial. Al momento toda la gente se puso nerviosa y corrió en ese momento me acerque a una persona y le dije: qué pasa? y él me respondió: que se acerca la noche y salio corriendo. Salí detrás de ellos y me escondí. Cuando estábamos a salvo escuche una conversación y decían que el hechicero llamado “el conde Gordonea” había lanzado un hechizo sobre la ciudad Gordopolis y el que fuera capaz de vencerlo en una lucha de sumo rompería el hechizo. Entonces quise ayudar a que esa ciudad se liberara del hechizo a la que estaba sometida. Al día siguiente me fui a que me entrenaran muy bien pero no era suficiente para derrotar al conde también tenia que saber karate y kun - fu. Me fui para donde los maestros, estando allí, los maestros me felicitaban por aprender tan rápido pero eran pesimistas al mismo tiempo. La gente de la ciudad por agradecimiento me dieron un sable de un antiguo samurai di las gracias y me fui dispuesto a vencer al conde
